En este casi año de vida del blog he tenido propuestas que me han llamado poderosamente la atención, y es que al menos 10 personas (de mi entorno por supuesto) me han ofrecido que les gestione una parte de su dinero. Huelga decir que rechacé todos y cada uno de los casos ofrecidos. Los motivos son varios. Uno y básico es que no me hace falta dinero, no porque me sobre, sino porque para esos están los productos apalancados, los CFDs sin ir más lejos, con 3.000 € podrías hacer operaciones de 5.000€, 10.000€, 15.000€... ¿Qué es el apalancamiento? Inconvenientes y ventajas., evidentemente cuanto más apalancamiento más riesgo a asumir, y más beneficios en caso de salir bien. Así que aceptar el dinero de otra persona sería apalancarse, con la desventaja de que lo beneficios tendrías que compartirlos, además de la posibilidad de quedarte sin amigo, sin pareja, sin primo o semejante. Aparte de esta última posibilidad de acabar mal parado con esa persona, tenemos más inconvenientes, como que no operaremos del mismo modo con dinero propio que con dinero ajeno,tendremos mayor responsabilidad que acabará por pasarnos factura, influencia negativa desde el punto de vista psicológico, falta de objetividad...En definitiva, mucho que perder y poco que ganar.
Por supuesto para mí es un placer y orgullo que esas personas confíen en mí de ese modo, confianza ciega en el sentido de que no me iré corriendo con el dinero (uhmmm, tentador), y confianza en que lograré conseguirles plusvalías en el mercado.
Tenemos el caso de Gescartera, Afinsa, Forum, el de "¡qué te pego leches!"...Antes de continuar contaré un caso personal, y es que no hace mucho estaba en una librería ojeando la portada de una revista financiera, y salía en portada el caso Nueva Rumasa, pues bien, sin venir a cuento se me acercó una señora de unos 60 años y me dijo que ella había depositado todo su dinero, el que había ahorrado durante toda su vida a Nueva Rumasa, unos 50.000€, me contó un poco su historia personal en un par de minutos y acabó llorando (literalmente) allí mismo. Me faltaban palabras para consolarla. Continuar leyendo...